Distribuye así las 24 horas del día

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Distribuye así las 24 horas del día para evolucionar espiritualmente

tiempo-administracionpor Alejandro Martinez Gallardo

En una de sus miles lecturas en la Philosophical Research Society de Los Angeles, un lugar inspirado en la Biblioteca de Alejandría, el filósofo Manly P. Hall habló sobre cómo distribuir de manera práctica las horas del día para que podamos seguir creciendo y darle alma a las cosas.

Hall creía que una vez que el ser humano maduraba, era necesario seguir creciendo, pero ya no materialmente sino espiritualmente. La realidad más alta de la vida y de la evolución de la conciencia no era simplemente ganar dinero, tener un trabajo, tal vez una familia, ver televisión, pasar los días así mediamente, acaso soñando con tener una casa más grande, más dinero, un coche nuevo como el que sale en la TV o ahora uno de esos gadgets que hacen todo.

La vida decía Hall es una especie de universidad en la cual aprendemos a elaborar alma, a espiritualizarnos, a eliminar los errores que nos mantienen en la ignorancia y nos enferman y a aprender a percibir la realidad. Para Hall la realidad eran las leyes del universo, los patrones y arquetipos que reflejan la inteligencia cósmica y el camino sublime de la evolución, o el regreso del espíritu a la fuente.

Coincide el psicólogo James Hillman quien buscó regresar a la psicología su significado original, no el estudio solamente de la mente, sino del alma (la palabra “psique”, significa alma originalmente). Hillman citaba un verso de John Keats, quien dijo que este mundo era “el valle de la elaboración de alma”. El alma no como algo dado, sino como algo que debemos de construir, integrando nuestra conciencia y viviendo bajo principios y valores en armonía con la naturaleza. A su vez, enraizarnos y servir a los demás, dejar semillas para la conciencia colectiva, para el Alma del Mundo del cual somos un reflejo.

Regresando a la lectura en cuestión, Hall explicó sencillamente que una buena forma de dividir el día es: 8 horas para descansar, 8 horas para trabajar y 8 horas para el desarrollo personal.

Esto tal vez no nos parece muy especial o no nos dice mucho. Pero hay que recordar que para el individuo hoy en día el tiempo generalmente está distribuido con una mayor cantidad de horas para el trabajo, ya que está conectado todo el día y sus aparatos de alguna manera lo hacen estar, aunque a medias, en una oficina virtual.

Por otro lado, el tiempo libre que tenemos lo solemos emplear en entretenernos o intentar olvidarnos de nuestros problemas porque vivimos estresados, porque el trabajo nunca descansa y nuestra tecnología y nuestras ciudades nos producen grandes cantidades de estrés. Entonces el tiempo que tenemos es para nosotros sólo una descarga, y lo consumimos generalmente navegando la web, viendo TV o chateando, en cosas que solamente nos entretienen, más que información es “infotainment”.

En lugar de esto, nos dice Hall, deberíamos de darle un lugar tan importante como el trabajo a nuestro desarrollo personal, actividades artísticas, espirituales o socialización que contribuya a alegrar nuestro espíritu, a proveer de significado a nuestras vidas y a formar comunidad y compañerismo.

La ecuación es muy simple y merece tratarse, especialmente si no tenemos una mentalidad materialista y creemos que venimos a este mundo para seguir aprendiendo y que lo que aprendemos y hacemos no perece en la nada, sino que es una continuidad, un árbol que crece más allá de la muerte y cuyos frutos son nuestros actos y cuya luz y agua son la conciencia y la virtud que podemos acumular. Y es que sólo lo inmaterial se puede acumular en esta vida.

Juan Angel Moliterni
Siguiendo Juan Angel Moliterni:

Astrólogo Esotérico, Canalizador e Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática

La Gran Hermandad Blanca, la jerarquía ascendida, transfiere una antorcha, una luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la síntesis de oriente y occidente, de los valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del cosmos.

Juan Angel Moliterni
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