Dejando de interferir

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por Jeff Foster

olaEs imposible tener una actitud pasiva hacia la vida cuando te das cuenta de que eres la vida misma. El despertar no es el final del compromiso con la vida… es solo el principio.

Paradójicamente, cuando comprendemos lo perfecta que es la vida, cómo todo sucede exactamente cómo ha de suceder, nos sentimos más libres que nunca de salir al mundo y cambiar las cosas para mejor. Al ver lo perfecto que es alguien exactamente como es, eres más libre que nunca de ayudarle a ver con claridad lo que a sus ojos es imperfección.

Tu acción ya no proviene del supuesto básico de que esa persona es una entidad defectuosa que es necesario reparar; ves que ya es un ser íntegro y, desde las profundidades de esa comprensión, le señalas el camino de vuelta a su integridad inherente. Enraizado en la integridad, eres libre de participar plenamente en la danza de la separación aparente.

Cuando ya no intentas arreglar la vida, quizá puedas serle de gran ayuda a la vida. Cuando ya no intentas arreglar a los demás, quizá puedas ser para ellos una gran bendición. Tal vez la verdadera sanación se produce cuando dejas de interferir.

Posiblemente lo que la vida necesite más que ninguna otra cosa sean personas que ya no ven problemas, sino que ven la inseparabilidad de sí mismos y el mundo, y que se implican plenamente en el mundo desde ese lugar de la más profunda aceptación.

La más profunda aceptación de las cosas tal como son y el compromiso valiente con la vida son uno, por muy paradójico que le suene a la mente racional.

“Creo que la idea de integrar, de unir varios fragmentos para hacer un todo, lógicamente no es una idea inteligente, porque implica que hay un integrador, alguien que une, que reúne todos los fragmentos; pero esa misma entidad que trata de hacerlo es también parte de la división” –Krishnamurti.

“Los seres humanos estamos comprometidos con una forma de vida que conduce a la guerra, pero a la vez deseamos paz y libertad; sin embargo, esa paz sólo se trata de una idea, de una ideología; y al mismo tiempo, todo lo que hacemos nos condiciona” –Krishnamurti.

Siempre intentando llegar allí, cuando es aquí donde está la vida. Todos tratamos de llegar a casa, cuando quizá, simplemente quizá… ya estemos en casa en nuestra experiencia presente, solo que no nos damos cuenta.

A lo largo de toda la historia humana, la búsqueda del hogar se ha expresado en todas y cada una de las facetas de nuestra vida: en nuestro arte, nuestra música, nuestra ciencia, nuestras matemáticas, nuestra literatura, nuestra filosofía, nuestra implacable búsqueda de amor, nuestra espiritualidad.

La búsqueda del hogar nace de lo más profundo de la mente humana. El hogar no es un sitio, una cosa ni una persona. Es descanso.

Originariamente, la palabra “hogar” significa “descansar” o “yacer”. Somos como olas, anhelantes de retornar al océano del que nunca salimos. Una ola se percibe a sí misma separada del océano y, desde ese lugar de falsa identificación esencial, empieza a buscar el océano de un millón de maneras distintas. Se busca a sí misma sin saberlo. Su anhelo del hogar es su anhelo de sí misma. Tal es la condición humana. El buscador espiritual se marcha en busca de la iluminación, y a su regreso descubre que la iluminación que buscaba había estado allí desde el principio.

Aceptar los sentimientos aparentemente negativos

El buscador siempre necesita tiempo para encontrar lo que busca. El momento presente se convierte así en un medio para lograr un fin. Y aquí es donde empieza todo el sufrimiento: en la pérdida del momento presente, la pérdida de nuestro verdadero hogar.

En el intento de controlar este momento: “no está bien ser incapaz de controlar el momento”. “No está bien ser débil”. Asociamos sentimientos como la indefensión, con la falta de seguridad, con el peligro, con no sentirse querido o aceptado, y, en última instancia, con la muerte. Para mucha gente, el sentimiento de indefensión es algo que se ha de evitar a toda costa. Mucho de nuestro sufrimiento proviene de la profunda falta de aceptación de sentimientos de indefensión, impotencia, debilidad, inseguridad e incertidumbre ante el momento.

Debido a nuestro condicionamiento, no vemos que el dolor, el miedo, la tristeza, la ira y todos los demás tipos de sentimiento forman parte de la integridad de la vida.

Se nos ha condicionado a considerar que ciertas áreas de nuestra experiencia son imperfecciones, contaminaciones, aberraciones, impurezas, expresiones de incompletud. Dicho de otro modo, se nos ha instruido, adiestrado e incluso hecho un lavado de cerebro para que veamos en ellas una auténtica amenaza para la vida en sí.

Por debajo de nuestra cólera, siempre encontraremos un dolor o impotencia no aceptados. Aceptar tu sentimiento de indefensión significa que ya no eres una víctima de la vida. La “fuerza” no es lo opuesto de la “debilidad”.

La verdadera fuerza reside en abrazar la debilidad por completo.

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Juan Angel Moliterni
Siguiendo Juan Angel Moliterni:

Astrólogo, Canalizador, Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Terapeuta y Músico

La Gran Hermandad Blanca, la jerarquía ascendida, transfiere una antorcha, una luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la síntesis de oriente y occidente, de los valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del cosmos.

Juan Angel Moliterni
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