El Sendero de Santidad a través de Aries

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A medida que el discípulo viaja a lo largo del Sendero de Santidad, que conduce al plano espiritual superior, las experiencias con que tropieza se van haciendo más y más maravillosas y transformadoras.

En ese nivel de existencia no hay velo que separe a los vivos de los “muertos”, ni barreras para la comunicación con los seres celestiales. Allí se puede observar la maravillosa tarea de los Espíritus de la Naturaleza y comprender que sus actividades subyacen a lo que los científicos denominan “leyes naturales”. Y, en la mañana de Pascua, entre los triunfantes hosannas de ángeles y arcángeles, Cristo, tras Su liberación de la anual encarnación en la Tierra, aparece en Su radiante gloria.

En el Templo de los Misterios Crísticos, la gloriosa procesión de Pascua se configura en torno a Su luminosa presencia, no como un mero espectáculo, sino para que Su poder y majestad, se derramen sobre todo el que haya sido hallado digno de ser contado entre Sus santificados compañeros.

El cristiano místico no debe conmemorar la Pascua sólo como un hecho histórico que tuvo lugar en el Gólgota, puesto que sabe que el sacrificio de Cristo es un acontecimiento anual, que cada año es sepultado en la Tierra, de la cual surge cada Pascua, para ascender a los cielos y restaurar Sus fuerzas, antes de regresar a esta esfera física el siguiente equinoccio de Libra.

Cuando tuvo lugar la crucifixión en el Gólgota, Cristo abandonó el cuerpo de Jesús, en el que había funcionado durante los tres años de Su vida pública, y transfirió Su espíritu al cuerpo planetario de la Tierra misma para, desde ese momento, convertirse en su regente. Hay un profundo significado en aquellas palabras que dijo a Sus discípulos después de la Resurrección: “Se me ha dado todo el poder en el cielo y en la Tierra”.

Cuando la raza humana sucumbió a la seducción de los Espíritus Luciferinos, el ritmo atómico del cuerpo físico del hombre cambió, y el espíritu ígneo espinal quedó armonizado con las fuerzas luciferinas y recibió la impronta de esos seres ígneos. Es misión de Cristo anular esa situación y sustituir el ritmo y la impronta de los Luciferes por los Suyos propios, pues Cristo también, como Arcángel, es un ser ígneo.

Cuando esto se haya llevado a cabo, la vibración atómica del cuerpo del hombre le hará inmune a la enfermedad y a la muerte. Los hombres de la Nueva Edad llevarán, dentro de sí mismos, la imagen de Cristo.

La Jerarquía de Aries contiene un modelo arquetípico del hombre, como creado “a imagen y semejanza de Dios”. Ese modelo se hará cada vez más manifiesto durante la Nueva Edad. Las seis constelaciones que se hallan sobre el ecuador llevan consigo los modelos cósmicos de lo que ha de manifestarse sobre la Tierra; las seis constelaciones que están bajo el ecuador contienen esos modelos en miniatura, por así decirlo, y las Jerarquías de esas seis constelaciones del sur trabajan con la Humanidad para conseguir la plena realización de esos modelos aquí en la Tierra.

Por ejemplo: La Jerarquía de Aries mantiene el modelo perfecto del nuevo hombre Crístico, mientras que Libra, el signo opuesto a Aries y hogar de los Señores de la Individualidad, está haciendo descender ese modelo cósmico de Aries, y ayudando al hombre a traerlo a la manifestación.

Éste es el conocimiento que ha impulsado a los grandes Maestros del mundo a ayudar a la Humanidad a manifestar ese modelo en este plano. El trabajo es arduo.

Pero, a través de las Edades, esas almas valientes que han sido lo suficientemente fuertes como para hollar el Sendero de Santidad hasta los planos espirituales, han quedado inflamados y preconizan “un nuevo cielo y una nueva Tierra” habitados por una Humanidad Crística. Saben, como Cristo lo sabía, que “el Verbo era Dios”.

En el ciclo anual del paso solar a través de los doce signos, Aries indica el principio del año.

Nota. Notas de Corinne Heline, Fraternidad Rosacruz de Max Heindel.

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Juan Angel Moliterni
Siguiendo Juan Angel Moliterni:

Astrólogo, Canalizador, Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Terapeuta y Músico

La Gran Hermandad Blanca, la jerarquía ascendida, transfiere una antorcha, una luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la síntesis de oriente y occidente, de los valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del cosmos.

Juan Angel Moliterni
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