El Sendero de Santidad a través de Piscis

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Cuando el sol está transitando Piscis, durante el mes de marzo, la fuerza dorada de Cristo vuelve a surgir, desde el centro de la Tierra, y alcanza la superficie del Planeta en una anticipación de la resurrección pascual.

Como es el signo del dolor y la renunciación, Piscis tipifica también la Crucifixión. Así como el Cristo Cósmico experimenta el dolor de la renunciación y de la crucifixión al penetrar en la Tierra, en la época del equinoccio de Libra, del mismo modo experimenta el espíritu de la Tierra cierto vacío cuando el espíritu de Cristo abandona el cuerpo planetario en la época del equinoccio de Aries.

Cuando la fuerza de Cristo se eleva y penetra la envoltura de deseos de la Tierra, las tentaciones se hacen más sutiles y las pruebas, más severas. La admonición dada por el Maestro al discípulo en todas las edades es: “Si alguien quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”. Es en este momento en el que el discípulo ha de aprender a seguirlo, a lo largo del recto y estrecho sendero que conduce al Gólgota.

Max Heindel comparaba este sendero con un campanario, que se hace cada vez más estrecho y más empinado, hasta que no queda nada donde agarrarse, sino la cruz final, y que constituye un ejemplo muy apropiado. Así es que, por arriba, la mayor parte de las iglesias aparecen como un símbolo vívido del sendero del discipulado.

La cruz de la renunciación ha de ser aceptada por todo verdadero discípulo que desee hollar el Sendero de la Santidad. Su cuerpo-alma no puede ser construido hasta que adquiera el dominio de sí mismo y renuncie, de buen grado, a los, así llamados, placeres del mundo sensible. Los poderes anímicos que se adquieren mediante tal auto-conquista, capacitan al así iluminado para cambiar la cruz por una corona.

Como ya se dijo, la constelación de Piscis será la morada de la raza humana, cuando todos sus individuos hayan alcanzado la perfección. Los que aprenden a hollar el Sendero de la Santidad y seguir a Cristo hasta este último y elevado objetivo, han concluido sus ciclos terrestres de encarnaciones. Sus deudas kármicas han quedado saldadas y todos los lazos terrenales, cortados. A tales seres se les conoce como «los Compasivos», los «Hermanos Mayores», que ya no necesitan lecciones terrenales. Son libres de pasar a una existencia gloriosa en la constelación de Piscis.

Sin embargo, estos grandes seres pueden volver, a voluntad, en obediencia al precepto espiritual de que el que más ama es el que sirve mejor. Frecuentemente renuncian a los privilegios y oportunidades de aquel plano, con objeto de servir a los miembros menos adelantados de la raza humana. Humildad, obediencia y servicio son las notas-clave de sus vidas.

Una renunciación de este tipo es la que representa la vida de María de Belén que, habiendo aprendido todas las lecciones terrenas y, habiendo sido igualada a los ángeles para reinar con ellos, retornó a este planeta para enseñar a la Humanidad uno de los supremos Misterios del cielo: El de la Inmaculada Concepción.

Sabiendo que sería mal comprendida, ridiculizada, perseguida, persistió en su deseo de proporcionar a la Humanidad un ideal que, dos mil años después, apenas unos pocos comprenden y que es totalmente desconocido para las masas. Trabajando de acuerdo con la ley del servicio, descendió a la mortalidad diciendo: «Hágase según Tu palabra».

Tal estado de realización espiritual, construido mediante el sacrificio, la humildad de espíritu y una perfecta armonización con la ley de obediencia, es el que espera al hombre perfecto.

El aspirante que reflexione seriamente en la meditación para los doce signos, correlacionará la meditación pisceana con las experiencias de los Doce Inmortales, durante la temporada que precede inmediatamente a la «crucifixión» anual de Cristo.

Luego, cuando su dolor y su tristeza se consumen en la gloria del amanecer de Pascua, el discípulo que alcanza a dominar su yo personal y que holla el Sendero de la Santidad, a través de Piscis, hasta el fin, se dará cuenta de que ha trocado su cruz en la gloria dorada de un «vestido de bodas» en el que funcionar, libre y triunfante, con el Cristo saliente.

Nota. Notas de Corinne Heline, Fraternidad Rosacruz de Max Heindel.

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Juan Angel Moliterni
Siguiendo Juan Angel Moliterni:

Astrólogo, Canalizador, Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Terapeuta y Músico

La Gran Hermandad Blanca, la jerarquía ascendida, transfiere una antorcha, una luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la síntesis de oriente y occidente, de los valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del cosmos.

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