La Vida, un Asombro

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La vida es un milagro constante. Estuve meditando mientras sentía la lluvia caer y me imaginaba el matrimonio entre el hidrógeno y el oxígeno capaz de producir el agua. Me llené de asombro y me di cuenta de que el asombro ante el milagro de la vida siempre viene con una dosis de contento.

Nos hemos alejado de la Naturaleza y sus milagros, y hemos ido perdiendo el contacto con las innumerables criaturas que la habitan. Sabemos de las ondinas, los gnomos, las sílfides, las salamandras. Nuestros ojos no las captan, pero el corazón puede sentirlas.

Hay una cierta sensibilidad que se desarrolla al amar la belleza de la naturaleza, es un sentido especial, una cierta sensibilidad que nos conecta con las criaturas de luz que pueblan los mundos invisibles.

La belleza nos rodea todo el tiempo, pero no la vemos porque estamos enfocados en la parte física, y esto nos hace vulnerables, débiles, mortales. Pero si nos identificáramos con el centro del Universo, con la fuente de la vida, con el Creador, nos acercaríamos a Aquel que es inmortal, omnisciente, omnipotente.

Dice el Maestro Omraam Mikhael Aivanhov que “conocerse en fundirse en la inmensidad de Dios”. Y en esa inmensidad vivimos, inmersos en el cuerpo de Madre Divina y su infinita inteligencia que va ordenando cada partícula del Universo para ofrecernos este espectáculo que llamamos Vida.

Todo fluye en ese cuerpo divino y nosotros pretendemos parar el fluir, el existir, para tener y acumular. Y empezamos a añadirle fealdad a la vida. Queremos detener el tiempo y no envejecer, y hemos desarrollado toda una ciencia para lucir joven aún en la vejez, sin lograrlo.

Tanto esfuerzo gastado para conservar el cuerpo que de todas maneras va a envejecer y se va a desgastar, porque ésa es su Ley. Pero esa ley no es la ley que nos rige. Nosotros somos la conciencia que habita el cuerpo y no envejecemos, ni tampoco morimos. No hay que hacer esfuerzo alguno, sólo existir en conciencia y en verdad.

Si nos negamos el contacto con la vida que nos rodea y su canto celestial, nos vamos perdiendo de nosotros mismos, y buscamos desesperados a qué aferrarnos empezando así la historia de los apegos. Los apegos nos hacen mucho daño, nos ocasionan mucho sufrimiento y miedo porque todo lo externo se puede perder.

¿Quién eres? No te definas nunca por tus limitaciones, debilidades o vicios, Tú no eres nada de eso. Tú eres la Conciencia, eres uno con el Eterno. Las limitaciones y debilidades, los instintos y las pasiones están inscritas en la sustancia que has tomado para transformarla.

Tú eres el Alma y tu camino es hacia tu Ser Interno. Eres una gota del Océano de la Divinidad que se ha separado por un instante pero que una vez más se fundirá en esa gran Unidad de la existencia.

Es evidente que esta fusión con lo Divino no puede hacerse rápidamente. Puede aún tomar muchas vidas, pero esa es la dirección y cuando se tiene la dirección correcta, tarde o temprano se llegará a la meta.

Muchas veces me pregunté el por qué al ver la belleza de la naturaleza como lo puede ser una quebrada, un río, una montaña, un bello amanecer o un atardecer, la luna, las estrellas y tantas cosas bellas que día a día la naturaleza nos ofrece, nos sentimos felices, sentimos un gozo muy sutil.

Observando mi interior me di cuenta de que es algo parecido a cuando uno retorna a su hogar después de un largo viaje. Creo que el gozo que se siente al ver la belleza natural que nos rodea es que de alguna manera nos estamos viendo a nosotros mismos en la bendita y profunda unidad que a todos nos contiene.

La gotita de agua mira las maravillas del océano y se da cuenta que ella es parte y también todo el océano porque no hay distancias, ni diferencias, ni separaciones entre una gota y otra. Porque al unirse con la inmensidad, uno es la inmensidad. Sí, “conocerse es fundirse en la inmensidad de Dios”.

Encontrar el sentido de la vida equivale a encontrar un elemento que solo el mundo divino puede dar. No lo busques en el trabajo, en la familia, en los amores humanos porque solo lo encuentras cuando participas del trabajo celestial destinado a transformar este mundo en un paraíso.

El sentido de la vida no lo da el trabajar para el bien personal, el sentido de la vida se encuentra cuando servimos y trabajamos para que se cumpla el Pan de Dios en la Tierra porque es también nuestro Plan.

Busquemos la ayuda de la Madre Divina para que podamos ser en espíritu y en verdad lo que somos, y tomando la dirección correcta sentir a cada paso de la vida ese gozo especial que da el contacto con lo divino.

La madre nos ayuda ofreciéndonos un espectáculo de belleza sin igual todos los días en las infinitas manifestaciones de la naturaleza. Cultiva el asombro, aprende a maravillarte ante la belleza de una flor, toma conciencia de la vida abundante que te rodea y reconócete en ella.

Nuestra vida moderna nos ha hecho rudos, como si la piel se hubiera curtido y no permite que las ondas celestiales nos atraviesen. Trabajemos para desarrollar la sensibilidad y retomar la comunicación con el mundo que nos rodea. Un mundo mágico, sorprendente, bello.

Como la vida es: como se la percibe, si ves la belleza, ella entra en tu vida y la hace bella. La percepción es la puerta por donde todo entra. ¿Qué ves? En eso te conviertes. No te enfoques en lo grotesco, lo prosaico, lo vulgar. Llena tu vida de cosas bellas utilizando inteligentemente el poder de percibir.

Sé selectivo y no permitas que la fealdad te penetre. Al meditar invita a las criaturas celestiales, a los ángeles a que llenen todos los espacios de tu vida. Ellos responden y cuando ven que tu intención es servir a la Voluntad Divina ellos cooperan contigo porque ellos también tienen la misma intención.

Tu vida es tu poema. Que ese poema sea un canto de alabanza al Creador y su creación. Lo deseo de corazón.

Con un profundo amor,

Carmen Santiago

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Astrólogo, Canalizador, Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Terapeuta y Músico

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