¡Qué liberación despojarme de mí mismo!

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por Jeff Foster

olaImagen tras imagen y apariencia tras apariencia, un despliegue continuo e interminable en el que, en ningún momento, la vida cesa, ni ocurre el “deseo” de iluminación alguna. Imagen tras imagen. Personas aparentes manteniendo conversaciones aparentes sobre problemas aparentes con un aparente mundo externo y frustrándose aparentemente por su aparente incapacidad al respecto. “Yo” soy una ficción que emerge ahora y lo que “yo” podría hacer sería añadir más ficción. Las palabras nunca podrán capturar la libertad absoluta de la innegable y asombrosa claridad que es la vida misma… la extraordinaria sencillez y simplicidad de todo, una mente atrapada en la búsqueda jamás podrá llegar a comprender.

Las contradicciones sólo aparecen cuando la mente busca algo.

La inmensidad está aquí, consumiéndolo todo, todo pensamiento y toda sensación. Pero esta inmensidad no está separada de todo lo que emerge. Ahora que el pensamiento está en silencio, el milagro se revela por doquier. No hay ningún lugar donde no se manifieste el milagro. Se origina un nuevo mundo, un nuevo territorio por descubrir. Todo cambia de un instante al siguiente, lo que significa que no existe ningún “instante” más que éste, sólo lo absolutamente obvio revelándose a sí mismo Ahora. Cada momento es nuevo, cada momento es fresco, cada momento es una revelación, un milagro que se encuentra más allá de todas las palabras. Lo que emerge, emerge, y lo que sucede, sucede. Y sólo sufrimos si no queremos que suceda lo que está sucediendo.

¡Qué liberación despojarme de mí mismo! Qué pesado ha sido, durante todos estos años, pretender ser un individuo con un pasado difícil y con un futuro incierto. Qué pesado tener que “encontrar mi camino” en la vida, tener que seguir mis intereses, tener la necesidad de establecer relaciones con gente como yo y llegar a tener éxito tanto en mi carrera profesional como en “mi vida privada”.

Durante esos días, todavía había un “Ser” que parecía hacer todas estas cosas. Pero quizá no haya sido más que un juego, un baile o una danza. ¡Qué danza más compleja y más hermosa! Una danza que abarca el placer y el dolor, la alegría y la tristeza, la salud y la enfermedad. Todo cabe en el gran juego de la vida. No es más que otra elaborada apariencia en este gran juego. Todo lo que salió del silencio vuelve a desvanecerse en él y yo no estoy en ningún lugar.

Abre los ojos y emerge, sin preguntarte nada, el universo entero. ¿No te parece un auténtico regalo? Todo un mundo. ¡En todos y cada uno de los instantes se nos regala un mundo! Este es un milagro al que todos podemos acceder libremente. Y nosotros somos ese milagro. No hay separación, nunca la hubo. Este no es un estado “especial”, no es algo que haya “alcanzado”. No, esto es algo a lo que todos podemos acceder. El mundo aparece de forma gratuita de la nada, ahora, ahora y también ahora para todos y cada uno de nosotros. Y no es necesario, para ello, creer nada, empeñarse en nada ni elegir nada. Simplemente así es. Esto es lo que habíamos estado buscando, sin conseguirlo, a lo largo de toda nuestra vida. Y, si algo ha ocurrido, ha sido que nadie ha visto a través de la búsqueda. Las palabras complican mucho las cosas, pero esto siempre es muy sencillo.

Así llegamos al final de todas las cosas, que también es el comienzo de todas las cosas. Y, al final, se revela lo evidente, que sólo existe el amor (aceptación incondicional), este inmenso espacio abierto que lo abarca todo, absolutamente todo. Y siempre ha sido así, por más que nos hayamos pasado la vida tratando de encontrarlo dando vueltas y más vueltas como pollos sin cabeza. Sólo el amor, sólo la aceptación incondicional como esencia, fundamento y condición de todas las cosas, aunque no haya nadie que puede entender lo que eso signifique. Si algo ha ocurrido, ha sido ver a través de la comprensión que desencadenó la búsqueda, un momento en el que se pone de relieve lo que siempre ha estado presente a lo largo de toda nuestra búsqueda, es decir, esto, la innegable presencia aparente de todo, el inmenso espacio abierto en el que emerge la totalidad del mundo sin dejar nada fuera. La búsqueda implicaba la existencia de algo más que el despliegue de este universo. Y por más que se trate de un bonito juego, de un bonito pasatiempo, en última instancia resulta inútil, porque esto es todo lo que es y todo lo que siempre ha sido.

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Juan Angel Moliterni
Siguiendo Juan Angel Moliterni:

Astrólogo, Canalizador, Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Terapeuta y Músico

La Gran Hermandad Blanca, la jerarquía ascendida, transfiere una antorcha, una luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la síntesis de oriente y occidente, de los valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del cosmos.

Juan Angel Moliterni
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One Response

  1. Ana Maria del Hoyo
    | Responder

    ASI TODO ES
    ASI YA SOMOS
    HECHO ESTA DESDE SIEMPRE
    SOLO HAY QUE DARSE CUENTA
    BENDICIONES

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