Sabiduría Tolteca (26)

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DESDE EL MOMENTO EN QUE NACES, TRANSMITES UN mensaje al mundo. ¿Cuál es ese mensaje? El mensaje eres Tú, ese niño. Es la presencia de un ángel, un mensajero del infinito en un cuerpo humano. El infinito, un poder absoluto, crea un programa sólo para ti y todo lo que necesitas para ser lo que eres está en el programa. Naces, creces, te emparejas, envejeces y al final retornas al infinito. Cada célula de tu cuerpo constituye un universo propio. Es inteligente, es completa y está programada para ser lo que sea.

Tú estás programado para ser Tú, seas lo que seas, y lo que tu mente piense que eres no afecta en lo más mínimo al programa. El programa no está en la mente pensante. Está en el cuerpo, en lo que denominamos el ADN, y al principio instintivamente sigues su sabiduría. Cuando eres un niño pequeño, sabes lo que te gusta, lo que no te gusta, cuándo te gusta y cuándo no. Sigues lo que te gusta y tratas de evitar lo que no te gusta. Sigues tus instintos y esos instintos te guían para ser feliz, para disfrutar de la vida, para jugar, para amar, para satisfacer tus necesidades.

Pero luego, ¿qué es lo que ocurre? Tu cuerpo empieza a desarrollarse, tu mente empieza a madurar y tú empiezas a utilizar símbolos para transmitir tu mensaje. Del mismo modo que los pájaros comprenden a los pájaros y que los gatos comprenden a los gatos, los seres humanos comprenden a los seres humanos a través de una simbología.

Si nacieras en una isla y vivieras solo, quizá tardarías diez años, pero darías un nombre a todas las cosas que vieras y utilizarías ese lenguaje para comunicar un mensaje, aunque sólo estuviera destinado a ti mismo. ¿Por qué harías algo así? Bien, es fácil de entender y no es porque los seres humanos seamos tan inteligentes. Es porque estamos programados para crear un lenguaje, para inventar una simbología completa destinada a nosotros mismos.

Como sabes, en todo el mundo los seres humanos hablan y escriben en miles de lenguas distintas. Los seres humanos han inventado todo tipo de símbolos no sólo para comunicarse con otros seres humanos sino, aún más importante, para comunicarnos con nosotros mismos. Los símbolos pueden ser sonidos que emitimos al hablar, movimientos que hacemos o la escritura manual y otros signos de naturaleza gráfica. Existen símbolos para objetos, ideas, música y matemáticas, pero la introducción del sonido es simplemente el primer paso, lo que significa que aprendemos a utilizar los símbolos para hablar.

Los seres humanos que nos preceden ya tienen nombre para todo lo que existe y nos enseñan el significado de los sonidos. A esto lo llaman mesa; a aquello lo llaman silla. También tienen nombres para cosas que únicamente existen en la imaginación, como las sirenas o los unicornios. Cada palabra que aprendemos es un símbolo para algo real o imaginario y existen miles de palabras para aprender. Si observamos a niños de entre uno y cuatro años, comprobaremos el esfuerzo que hacen al tratar de aprender una simbología entera. Representa un gran esfuerzo del que normalmente no nos acordamos porque nuestra mente todavía no ha madurado, pero con la repetición y la práctica, finalmente aprendemos a hablar.

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Una vez que aprendemos a hablar, los seres humanos que se ocupan de cuidarnos nos enseñan lo que saben y esto significa que nos programan con conocimientos. Los seres humanos con los que vivimos tienen una gran cantidad de conocimientos que incluyen todas las reglas sociales, religiosas y morales de su cultura. Captan nuestra atención, nos transmiten la información y nos enseñan a ser como ellos. Aprendemos cómo ser un hombre o una mujer según la sociedad en la que nacemos. Aprendemos cómo comportarnos “correctamente” en nuestra sociedad, lo que significa cómo ser un “buen” ser humano.

En realidad, nos domestican de la misma manera en la que se domestica un perro, un gato o cualquier otro animal: a través de un sistema de castigos y premios. Nos dicen que somos un niño bueno o una niña buena cuando hacemos lo que los adultos quieren que hagamos; somos un niño malo o una niña mala cuando no hacemos lo que ellos quieren que hagamos. En ocasiones recibimos un castigo sin haber sido malos y en otras, somos premiados sin haber sido buenos.

Por miedo a ser castigados o por miedo a no recibir una recompensa empezamos a tratar de complacer a otras personas. Intentamos ser buenos porque la gente mala no recibe recompensas y se la castiga.

En la domesticación de los seres humanos, nos imponen todas las reglas y los valores de nuestra familia y nuestra sociedad. No tenemos la oportunidad de escoger nuestras creencias; se nos dice qué creer y qué no creer. La gente con la que vivimos nos da su opinión: lo que es bueno y lo que es malo, lo que es correcto y lo que es incorrecto, lo que es bonito y lo que es feo. Como si fuéramos una computadora, nos descargan toda esa información en la cabeza.

Somos inocentes; creemos lo que nuestros padres u otros adultos nos dicen; estamos de acuerdo con ellos y la información se almacena en nuestra memoria. Todo lo que aprendemos entra en nuestra mente por acuerdo, y permanece en nuestra mente por acuerdo, pero primero todo pasa por la atención.

La atención es de suma importancia en los seres humanos porque es la parte de la mente que nos permite concentrarnos en un único objeto o pensamiento dentro de una gran variedad de posibilidades. Mediante la atención, la información externa es transmitida al interior y viceversa. La atención es el canal que utilizamos para enviar y recibir mensajes de un ser humano a otro. Es como un puente entre una mente y otra; abrimos el puente con sonidos, signos, símbolos, con el tacto… con cualquier acontecimiento que capte la atención.

Así es como enseñamos y así es como aprendemos. Si no captamos la atención de alguien no es posible enseñarle nada, y no podemos aprender nada si no prestamos atención.

Mediante nuestra atención los adultos nos enseñan a crear una realidad entera en nuestra mente con el uso de símbolos. Tras enseñarnos una simbología a través del sonido, los adultos nos entrenan repetidamente con nuestro alfabeto y entonces aprendemos gráficamente el mismo lenguaje. Nuestra imaginación empieza a desarrollarse, nuestra curiosidad se hace más fuerte y empezamos a hacer preguntas. Preguntamos y preguntamos y seguimos haciendo preguntas; reunimos información de todas partes. Y sabemos que finalmente tenemos maestría de una lengua cuando somos capaces de utilizar los símbolos para hablarnos a nosotros mismos en nuestra cabeza. Éste es el momento en el que aprendemos a pensar.

Antes de este momento, no pensamos; imitamos sonidos y utilizamos símbolos para comunicarnos, pero la vida es sencilla antes de que atribuyamos un significado o una emoción a los símbolos. Una vez que otorgamos un significado a los símbolos empezamos a utilizarlos para tratar de dar un sentido a todo lo que ocurre en nuestra vida.

por Dr. Miguel Ruiz

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Juan Angel Moliterni
Siguiendo Juan Angel Moliterni:

Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Canalizador, Reiki Ascensional Claridad, Ciencia Astrológica, Músico Arteosofia.

La Hermandad Blanca Universal, la jerarquía espiritual de Maestros Ascendidos, transfiere una antorcha, una Luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la Síntesis de oriente y occidente, de los Valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del Cosmos. Te invitamos a participar!

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