Sobre El Amor

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por Jeff Foster

olaTu otra mitad, tu realización, no está allá fuera, sino en lo más profundo de ti. Ella vive como tu propia Presencia, arde como el Sol dentro de ti.

Si puedes hallarlo o perderlo,

si puedes estar “dentro” o “fuera” de él,

si te puede ser dado o quitado,

si tienes que luchar por él, rogar por él, manipularte a ti o a los demás para obtenerlo,

si crees que debes merecértelo,

si duele,

entonces es la versión del amor que proviene de la mente.

Esta es la mentira.

Porque si amas, estás presente. Eso es todo.

Si amas a alguien, estás presente con él. Tan presente como el Sol en el cielo, a pesar de las nubes, las tormentas, del clima siempre cambiante.

No confundas amor con deseo. El deseo viene y va. Arde intensamente, o la llama se extingue. Pero el deseo no es congruente, como el amor.

No confundas amor con atracción. La atracción es hermosa, pero sube y baja, se eleva y cae como las olas en el océano. Cambia con las estaciones, los días, las horas, los momentos. No está siempre presente, como el amor.

No confundas amor con sentimientos agradables, cálidos, incluso con los extravagantes sentimientos de estar “enamorado”. Los sentimientos agradables se tornan en dolorosos muy rápidamente. El amor no es ni placer ni dolor, no es éxtasis ni sufrimiento; es el campo que perdura, incluso cuando la felicidad se disuelve en desesperación.

No confundas amor con urgencia de poseer o ser poseído por alguien. El amor no es un capricho. El amor no es ni obsesivo ni compulsivo. El amor no se aferra a nada. El amor no posee nada; es sin peso, sin forma. El amor no dice, “eres necesario para mi felicidad, mi alegría, mi vida”. No, el amor es sinónimo de libertad, tiene un corazón abierto de par en par, dispuesto a sentir cada sentimiento, a pensar cada pensamiento.

El mito más peligroso que hay es el que dice que otra persona puede “hacerte” feliz. No, no.

La verdadera felicidad, la clase de felicidad que no puede comprarse o venderse, es idéntica a tu presencia: algo que nadie puede darte, y nadie puede quitarte.

Si buscas a alguien más para conseguir felicidad, siempre dependerás de él, siempre sentirás miedo de perderlo, y el temor y el resentimiento retumbarán por debajo de tu “amor”.

Te acostumbrarás a complacerlo, adormecerás tus pensamientos y sentimientos, cerrarás tus ojos a la verdad y vivirás en la fantasía y en la esperanza. Te harás infeliz para ganar su amor, para mantenerlo a tu lado, para controlarlo.

Te harás infeliz tratando de hacerlo feliz… o forzándote a ti mismo a ser feliz. Eso no es amor, es adicción a una persona. Es miedo disfrazado de “romance”. Esta es la ilusión.

Pero subyacente a cada adicción está el anhelo por llegar a casa, por la Madre, en el sentido más profundo de la palabra. Encuentra el sentido más profundo de casa dentro de ti mismo, entonces.

Haz de tu cuerpo tu hogar. Encuentra tu suelo en la sensación de estar vivo. Y en ese lugar de presencia, pasa el tiempo con quienes te nutran, con quienes te ayuden a sentirte vivo, con quienes resuenes y sean capaces de validar tus preciosos sentimientos.

Cuando no tratas de ganar amor, cuando no huyes de tus propios sentimientos dolorosos, puedes darte el lujo de amar y ser amado verdaderamente.

Invita a los demás a tu campo de amor; deja que se queden, deja que se vayan, honra su camino y recorre el tuyo con valentía.

Pero ni por un momento compres la mentira de que la salvación se encuentra en cualquier lugar excepto en el corazón de tu exquisita Presencia, en el lugar donde no hay nadie que pueda ser salvado.

El lugar en donde tocas la vida, y en donde eres tocado a cambio, momento a momento…

Porque tú eres El Indicado, El Uno, tu mejor amante, compañero, amigo, gurú y Madre.

Y así puedes decirte a ti mismo:

“Sin ti, no puedo vivir”.

“Tú me completas”.

“Sin ti, no soy nada”.

“Nunca me vayas a dejar”.

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Juan Angel Moliterni
Siguiendo Juan Angel Moliterni:

Astrólogo, Canalizador, Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Terapeuta y Músico

La Gran Hermandad Blanca, la jerarquía ascendida, transfiere una antorcha, una luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la síntesis de oriente y occidente, de los valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del cosmos.

Juan Angel Moliterni
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