¡Usted no puede poseerlo todo!

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por Wayne W. Dyer

La abundancia no es algo que se adquiere. Es algo con lo que sintonizamos. Este pensamiento es fundamental para lograr que el principio de la abundancia tenga aplicación a nuestras vidas. Recuerde que el universo cuenta con una reserva de energía infinita, y de que todas las cosas, incluyendo su propia forma y todo lo que ha acumulado, es en primer lugar energía.

Todo vibra. La denominamos energía de la vibración, y nuestro universo es infinito en su reserva de energía. Esta energía constituye la vida.

La energía que cada uno emite viene determinada por nuestros pensamientos y nuestra forma de comprender el mundo. Compréndalo a través de unos ojos que sólo vean la escasez y eso es lo que habrá. Compréndalo a través de unos ojos que vean la abundancia sin límites y eso es lo que habrá. Si necesitamos poseer cosas, nos guste o no saberlo, estamos filtrando nuestro universo a través de unos ojos que sólo se fijan en la escasez. Nuestra necesidad de poseer cosas refleja la creencia de que nunca tenemos lo necesario. Nuestra necesidad de acumular y de poseer nos impide sintonizar con la abundancia que existe delante de nuestros propios ojos “llenos de escasez”.

Todo aquello que deseamos poseer para ser felices sirve para comprender que somos controlados desde el exterior. Esta postura nos lleva a creer que somos incompletos y que únicamente podemos mejorarnos mediante más cosas. ¡Una trampa interminable! De la que no podemos escapar en tanto pensemos que las posesiones pueden llenar ese vacío que percibimos.

¿Cómo puede llegar usted a poseer algo? Piense por un momento en todas las posesiones de las que dispone en su sueño: coches, yates, dinero, casas, o cualquier otra cosa. Cuando se despierta, inmediatamente advierte que esas posesiones son meras ilusiones, y de que sólo las necesita durante el tiempo en que transcurre el sueño. Ahora intente ver todas esas cosas según la perspectiva que le ofrece el sueño de ochenta o noventa años que es la vida. Imagínese despertándose y siendo capaz de echar un vistazo a sus posesiones anteriores. ¿Cómo pudo llegar a poseer todas esas cosas? Lo mejor es tomar posesión de nuestros “juguetes” por un espacio de tiempo reducido, pues luego, nos guste o no, tenemos que despertar y comprender que ya no nos sirven. La mayor parte de nuestra vida sucede en la dimensión astral del pensamiento, y en ese estado desprovisto de forma los objetos no tienen valor.

Si notamos un vacío es porque concebimos pensamientos sobre la nada, que habitualmente ensanchan el vacío. Pero podemos ampliarlo de un modo mucho más satisfactorio, centrándolo en la posibilidad de completarlo y en el hecho de que nunca podremos poseer nada. Esto no nos impide disfrutar de todo lo que acumulemos o nos corresponda temporalmente.

Pero, recuerde, al igual que en nuestro universo todo es incompleto, también nosotros somos incompletos. Todo se halla en estado de transformación, incluyendo el título de nuestras propiedades, nuestra familia, nuestro dinero, todo. Todo se encuentra en proceso de transición. Todo va dando vueltas, aterrizando en nuestras manos para que disfrutemos de ello unos momentos y luego vuelve a circular.

Una vez interiorizamos esta noción sobre la imposibilidad de poseer nada, irónicamente la misma idea nos concede la libertad de poseer lo que deseamos, sin necesidad de depender de ello. Muy pronto descubrimos la alegría que nos produce el compartir este hecho con los demás.

La paradoja aparece, por supuesto, cuando dejamos de buscar y de acumular cosas y comprendemos que todo lo que siempre hemos deseado o necesitado está a nuestro alcance. El miedo a no tener lo suficiente nos impide ver que ya tenemos bastante. No podemos poseerlo todo, y la verdad es que pasar toda una vida creyendo en la escasez y en la necesidad supone una violación del principio universal de la abundancia.

Una vida plena de abundancia no significa una vida repleta de todo lo que uno haya ido acumulando, sino una existencia plena de espiritualidad basada en el profundo respeto por lo ilimitado del conjunto. Tome, por ejemplo, el caso de su propio cuerpo. Es un reflejo de la abundancia ilimitada, capaz de los logros más extraordinarios y restringido únicamente por los pensamientos centrados en los límites. Su cerebro, con sus miles de millones de células, puede hacer que su cuerpo duerma o baile, reflexione o cree, construya aviones y submarinos. Usted, sí, usted y el cuerpo que habita son un ejemplo de la abundancia y la perfección exquisitas. Sus posibilidades son infinitas. Su existencia como entidad que se mantiene a sí misma es tan milagrosa que confunde a nuestra mente cada vez que pensamos en cómo ha llegado hasta aquí y cómo permanece vivo, y piensa y sueña, y así hasta un largo etcétera de prodigios.

Usted mismo es abundancia en acción. Pero su cuerpo no puede poseer ni llevarse nada consigo en el momento de partir. Ese cuerpo funciona mediante fuerzas y energía que van más allá de la acumulación. Todas las “cosas” de la vida están aquí para servirle, y no para que usted las sirva a ellas. Recuerde este principio a lo largo de esta lectura. Todo lo que antes fue propiedad de alguien ahora le pertenece a otra persona. La tierra que ese alguien poseía ahora es pisada por otros; sus joyas ahora embellecen a otros. Y así ocurre con todo en la vida. Nada puede ser poseído y cuanto antes seamos conscientes del hecho y dejemos de obsesionarnos con la idea de poseer personas y cosas, antes y mejor podremos sintonizar con el maravilloso principio de la abundancia.

El secreto consiste en despreocuparnos de lo que no tenemos y en cambiar el rumbo de nuestra conciencia hacia una apreciación de todo lo que somos y lo que tenemos. Al efectuar este cambio en nuestra conciencia, el ser servicial se convierte en una parte natural de la vida abundante. Gandhi no pudo expresarlo mejor:

“Consciente o inconscientemente, cada uno de nosotros presta algún que otro servicio. Si tenemos la costumbre de hacerlo deliberadamente, entonces nuestras ansias de servicio se fortalecerán no sólo en beneficio de nuestra propia felicidad sino también en favor del mundo entero”.

O Albert Schweitzer, que sobre el mismo tema apuntó:

“Desconozco el destino de todos ustedes, pero hay algo que sí sé; los únicos que llegarán a conocer la verdadera felicidad son quienes han buscado y hallado el modo de servir”.

Estos dos hombres fueron dos santos en muchos sentidos, y desde luego no se puede esperar que nosotros les emulemos en su labor de servicio a los demás. Pero del estudio de sus vidas y de las dos citas anteriores se desprende algo más. El auténtico significado lo hallaremos al descubrir el verdadero sentido de satisfacción que subyace al éxito y las acumulaciones.

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Juan Angel Moliterni
Siguiendo Juan Angel Moliterni:

Astrólogo, Canalizador, Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Terapeuta y Músico

La Gran Hermandad Blanca, la jerarquía ascendida, transfiere una antorcha, una luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la síntesis de oriente y occidente, de los valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del cosmos.

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